LAS TERMÓPILAS. La construcción de un mito

Tras Maratón, el Imperio Persa se vio inmerso en una serie de revueltas internas. En la mitad del trabajo de control interno de tan basto imperio, la muerte sorprendió a DarÃo. El sucesor, Jerjes, serÃa el encargado de sofocar los levantamientos y de preparar la invasión de Grecia. Incluso minimizando el posible daño que esa derrota en el plano práctico hubiese causado, el Imperio no podÃa dejar pasar semejante afrenta, pues era un mal ejemplo y podrÃa ser mitificada. Lo que desconocÃan por completo es que iba a ser peor el remedio que la enfermedad.

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Inmortal persa, probablemente en traje de corte, reconstruido a partir de los relieves de Persépolis y los ladrillos vidriados de Susa. Los colores de las túnicas podÃan distinguir los diversos regimientos de 1.000 hombres. Herodoto menciona los regatones esferoidales, dorados o plateados, que también aparecen en los relieves. Bajo la túnica los «inmortales» llevaban una flexible coraza metálica de escamas. El arco era su arma principal, y la corta lanza no era comparable a la más larga y sólida de los hoplitas griegos en el combate.

Inmortal persa, probablemente en traje de corte, reconstruido a partir de los relieves de Persépolis y los ladrillos vidriados de Susa. Los colores de las túnicas podÃan distinguir los diversos regimientos de 1.000 hombres. Herodoto menciona los regatones esferoidales, dorados o plateados, que también aparecen en los relieves. Bajo la túnica los «inmortales» llevaban una flexible coraza metálica de escamas. El arco era su arma principal, y la corta lanza no era comparable a la más larga y sólida de los hoplitas griegos en el combate.
Mucho se ha hablado del impresionante contingente persa que fue movilizado, exagerándose casi siempre hasta números imposibles de ser concebidos ante la imposibilidad de su abastecimiento. Pese a todo, el real muy posiblemente era igual de impresionante, quizá 200.000 guerreros y alrededor de mil trirremes más un numero no identificado de navÃos de transporte. La logÃstica para poder mantener este ejército es digna de mención y habla de manera elocuente acerca de la capacidad organizativa de los persas.
Por el contrario, en suelo heleno hubo muchas defecciones y no todas las ciudades quisieron enfrentarse al invasor. Incluso en algunas polis enemigas del Imperio Persa habrÃa grupúsculos partidarios a un acercamiento. Reunidas estas polis en Corinto, decidieron hacer frente al invasor y trazaron un plan. Dos ciudades eran protagonistas: Esparta, por su poderÃo guerrero basado en una infanterÃa pesada muy entrenada, y Atenas, que desde hacÃa años, bajo la polÃtica de TemÃstocles y el hallazgo de unas minas de plata, se habÃa preparado concienzudamente para la guerra, creando una considerable flota de trirremes.
Finalmente, decidieron cortar el paso a los asiáticos en dos puntos tras abandonar la primitiva idea de defender el valle del Tempe: un estrecho paso entre Tesalia y Beocia llamado Termópilas y, en paralelo, el estrecho de Artemiso, donde ubicarÃan la flota.
El contingente griego fue finalmente escaso, debido a que coincidió con las fiestas Carneas en Esparta, durante las cuales estaba prohibido guerrear. Entorno a siete mil hombres se enfrentaron a todo el contingente persa, entre tespios, tebanos, focidios…, y la guardia personal del rey Leónidas, que comandaba las fuerzas reunidas: los 300. Suficientes para aguantar en tan estrecho sitio. Tras esperar tres dÃas, Jerjes dio la orden de ataque, pero los sucesivos intentos a lo largo de dos dÃas se vieron coronados con el fracaso.

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La última resistencia espartana en la loma tras el muro focense, al tercer dÃa de la batalla. Espartiatas, tespieos e ilotas armados sucumben ante una lluvia de flechas. Se aprecia una variedad de corazas y escudos, que entre los hoplitas a menudo pasaban de padres a hijos. En esta época los espartanos todavÃa llevaban sobre los escudos blasones individuales, que serÃan sustituidos unas décadas después por la letra «lambda» de Lacedemonia (Λ).

La última resistencia espartana en la loma tras el muro focense, al tercer dÃa de la batalla. Espartiatas, tespieos e ilotas armados sucumben ante una lluvia de flechas. Se aprecia una variedad de corazas y escudos, que entre los hoplitas a menudo pasaban de padres a hijos. En esta época los espartanos todavÃa llevaban sobre los escudos blasones individuales, que serÃan sustituidos unas décadas después por la letra «lambda» de Lacedemonia (Λ).
Pero un traidor llamado Efialtes descubrió para los invasores otro paso, que facilitarÃa rodear a los hoplitas griegos. Enterados estos de que su fin estaba próximo, sabiéndose perdidos, decidieron abandonar el paso. Pero Leónidas decidió permanecer allà junto a sus 300. ¿Las razones? Difusas y ya enmascaradas en el mito. El caso es que allà permaneció, y allà murieron. Allà se sacrificaron tanto los espartanos como los tespios y los tebanos. Allà crearon el mito. Una relativa sencilla victoria persa se convirtió en leyenda para los perdedores.
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- La mayorÃa de las imágenes pertenecen al la serie de libros de Fernando Quesada publicados lo la Esfera de los Libros.














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